Soy bien consciente de que puedo parecer desmesurado cuando predico el nazifascismo como rasgo definitorio de la "letalísima trinidad" FMI/BM/GATT. Pero espero demostrar que estoy siendo, por el contrario, altamente preciso. Y especialmente oportuno cuando se acerca también el quincuagésimo aniversario de la derrota bélica del nazifascismo y cuando en los dos antiguos Estados del Eje nazifascista (Alemania e Italia) aparecen inquietantes síntomas de que ni mucho menos se habían aplastado todos los huevos de la serpiente.
Quiero aquí señalar (y demostrar) los siguientes hechos:
Veamos. Primer hecho. Para entender la Segunda Guerra Mundial hay que comprender que, en realidad, fue la segunda parte de una única gran guerra mundial comenzada en 1914 para dilucidar la hegemonía en la economía-mundo capitalista. Lo importante es que en 1913 Inglaterra ya no es la potencia hegemónica que había sido en el siglo XIX. De nuevo, como sucedió cuando la Casa de Habsburgo fracasó en el siglo XVI en convertir la economía-mundo europea en un imperio o cuando Holanda vio acabaren el XVII su breve hegemonía o como ahora está empezando a suceder ante la decadencia yanqui, nadie ocupa claramente ese puesto en la economía-mundo capitalista y para intentar ocuparlo son Estados Unidos y Alemania, las dos primeras y emergentes potencias económicas, quienes van realmente a protagonizar la larga serie de conflictos de la primera mitad del siglo XX que deben ser considerados de 1914 a 1950 como una nueva y larga "guerra mundial" de otros treinta años (como la realmente llamada de los Treinta Años o las guerras napoleónicas de 1792-1815). Otra vez entre una potencia predominantemente terrestre y otra inicialmente marítima. Además Japón, que ya en 1938 posee la tercera marina mercante del mundo y es la cuarta potencia comercial mundial, va a intentar calzarse, en el Este de Asia y el Pacífico, las botas de la hegemonía que Inglaterra había usado. Y al hacerlo chocará también con los Estados Unidos, que también está presente (y quiere estarlo más) en el Pacífico.
En 1929, en el ecuador de esos treinta años de larga "guerra mundial", se produce la gravísima crisis económica mundial. Tenemos pruebas documentales e históricas (es decir, papeles escritos y actos conocidos) de que los bloque de clases dominantes de Estados Unidos, Alemania y Japón van a diseñar y seguir la misma estrategia para salir de la crisis. La estrategia del capitalismo imperialista que supone en primer lugar una fuerte intervención del propio Estado para poder realizar esa estrategia en beneficio del bloque de clases dominante. En los tres países esa estrategia supone que el Estado se embarca en una enérgica política de gasto público para salir de la depresión económica (lo que comúnmente se llama Keynesianismo). Un gasto público que substituya para los capitalistas a la demanda solvente privada que la crisis hace inexistente. Un gasto público que es mayoritariamente militar desde el primer momento en Alemania y Japón aunque también dedicado a autopistas y otras obras públicas de uso civil y militar. Y que es en los Estados Unidos gasto inicialmente civil en los años treinta y luego también militar en los años cuarenta.
En los tres casos esa estrategia supone también un despliegue imperialista para conquistar territorios y pueblos cuya explotación permita pagar las deudas generadas por ese gasto público. Dicho muy deprisa: consiste en salir de la crisis creando muchos puestos de trabajo dedicados a fabricar armas e infraestructuras pagando esa creación con créditos y deudas. Creando además otros puestos de trabajo al generar demanda solvente para los productos de las otras industrias con los salarios pagados a los que fabrican armas. La receta se completa al hacer guerras en las que se emplean esas armas para obligar con ellas a que los agredidos paguen las deudas y el déficit público que se contrajeron para fabricarlas.
El bloque de grandes capitalistas alemanes, que han financiado y entronizado el nazismo como forma de Estado capitalista de excepción, llama a su estrategia Lebensraum (Espacio Vital o "espacio necesario para vivir"). El japonés, que actúa también a través de un Estado capitalista de excepción (una dictadura semimilitar con un amplísimo grado de autonomía del ejército), usa esta otra expresión un tanto barroca: Esfera Mayor de Co-prosperidad de Asia del Este. Y el bloque de grandes capitalistas yanquis, que actúa a través de un Estado capitalista "normal" (o sea, una democracia burguesa), dice The Grand Area (La Gran Area). Me gustaría mucho que el lector se fijara bien en que los tres Estados (alemán, japonés y yanqui) son capitalistas y en que sus tres estrategias para salir de la crisis no sólo son también las tres capitalistas sino que son idénticas aunque lleven distintos nombres. Porque las tres estrategias se basan en el control de territorios de los que rapiñar materias primas y en el control de poblaciones a las que se extrae plusvalía mediante la imposición por la fuerza de salarios bajos y de condiciones extremas de trabajo y a las que se convierte en mercado cautivo para vender en él las propias producciones.
Vayamos ahora al segundo hecho. Los documentos nazis son los que más abierta, brutal y descarnadamente exponen esa estrategia capitalista e imperialista de la que estoy hablando. Por ejemplo, en septiembre de 1940 el Presidente de la Cámara Económica del Reich y Director General del Ministerio de Economía dice en un discurso que:
"En el macro-espacio europeo los trabajadores alemanes sólo podrán ser empleados en los trabajos más cualificados y mejor pagados que permitirán el nivel de vida más alto; la producción de productos que no cumplan esos requisitos se cederá, y se tendrá que ceder cada vez más, a los pueblos de la periferia. En cuanto a la producción industrial de Europa, nosotros escogeremos para el trabajador alemán las guindas".
Para que puedan escogerse esas guindas otro documento nazi de enero de 1941 estipula con respecto al Sudeste europeo que: "tenemos que insistir en la necesidad de unos excedentes de producción lo más grandes posibles, por lo cual no podremos ayudar nunca a un tipo de desarrollo destinado a aumentar allí el nivel de vida a costa de los excedentes disponibles para nosotros". Lo cual es congruente con que en junio de 1940 Himmler hubiera afirmado que: "Para la población no-alemana del Este no debían existir más de cuatro años de escolarización a nivel de EGB. Las metas de esta enseñanza básica habían de limitarse a: cálculos sencillos hasta un máximo de 500, saber escribir el nombre propio....Saber leer no hace falta para nada. Aparte de esto no debe funcionar ningún tipo de escuela en el Este".
Es sin duda para lograr esto para lo que el mariscal Goering establece sin tapujos ni ambigüedades, en su directriz del 8 de noviembre de 1941, que "los territorios recientemente ocupados del Este se explotarán bajo puntos de vista coloniales y con métodos coloniales". En diciembre de ese mismo año el Instituto Laboral Científico del Frente del Trabajo Alemán elabora un plan secreto para el "Aprovechamiento de los territorios ocupados por el pueblo alemán" en el que se dice que:
"Para la economía de un pueblo vale el principio de que la suma de las producciones equivale a la del consumo, es decir cada economía produce tanto como consume...Ahora bien, si se quiere que los territorios ocupados traspasen una parte de su superávit al pueblo del Estado (alemán), hay que romper, para el caso de estos territorios, la mencionada fórmula básica: a los habitantes de estos territorios sólo se les permitirá el consumo de parte de su producción. La otra parte estará reservada al pueblo del Estado (alemán) en recompensa por su papel de líder político. Debe producirse, por tanto, en la relación entre los pueblos dominados y sus señores, algo que la teoría económica llama plusvalía cuando se produce en la relación entre el trabajador y el patrón".
En palabras del propio Hitler, la población soviética "iba a vivir a un nivel tan bajo que permitiría comercializar allí prácticamente todo, empezando por los vasos para el agua". La idea de los nazis para el futuro era que la industria alemana importaría del Este materias primas y productos semi-acabados para luego terminarlos, y pagar estas importaciones mediante la reexportación, y ,a su vez, la exportación de productos de consumo y bienes de producción. Los documentos de planificación de los equipos nazis de coordinación política y económica para el "espacio oriental" partían del principio (que se tomaba como supuesto de hecho) de que el consumo de alimentos había de ser reducido en el Este para que Alemania tuviera bastante que comer.
"Este hecho - subrayaban esos documentos- es la clave en la que se tienen que apoyar nuestras medidas y nuestra política económica".
Quiero insistir muchísimo ahora en que los nazis eran más directos, descarnados y brutales en sus documentos pero que la estrategia capitalista de japoneses y norteamericanos (y su práctica) eran idénticamente brutales y despiadadas. Heinz Dieterich, que es el director del Center for International Studies, ha sido quien ha subrayado vigorosamente la identidad del discurso básico del Espacio Vital nazi, la Esfera Mayor de Co-prosperidad japonesa y La Gran Area yanqui. Un discurso básico que expone la que Dieterich llama esencia del sistema de dominio atlántico y que él resume así:
"Es decir, que es imposible aumentar el nivel de vida de los pueblos de la periferia sin disminuir al mismo tiempo el de los "pueblos jefes" de las metrópolis. No es factible extender a todo el mundo el nivel de vida de los países industrializados, ya sea mediante una ampliación de la producción, o bien mediante la redistribución de los excedentes disp0onibles a nivel mundial y que de momento son consumidos de forma totalmente desproporcionada por las metrópolis. Puesto que el pastel no da para todos, no es que los pueblos de la periferia no puedan obtener, en principio, una parte más grande, sino que eso, de hecho, sólo sería así, cuando no disminuyera por ello la parte correspondiente a las metrópolis".
Los nazis eran bien conscientes de que el intento de aplicar esa estrategia acabaría por enfrentarles a los Estados Unidos que "eran, fuera de Europa, el único país fuerte con el que tenía que contar Alemania". Como lo eran los japoneses. Y como lo eran a la recíproca los norteamericanos, uno de cuyos altos cargos afirmaba en mayo de 1942 que: "El Imperio Británico tal como había existido en el pasado nunca volvería a reaparecer" y que "los Estados Unidos a lo mejor tendrían que ocupar su lugar". La pugna por conseguir aplicar con éxito esa estrategia capitalista idéntica pero de forma que fuera la propia área vital la que quedara establecida es la clave que explica el enfrentamiento crucial de Estados Unidos con Alemania y Japón en la segunda y definitiva fase de la II Guerra Mundial.
La sola voluntad del dictador Hitler y la sola voluntad de la camarilla militar japonesa bastaban, al tratarse de Estados capitalistas de excepción, para desencadenar el avance de sus ejércitos y el intento de conquistar sus áreas soñadas. Su condición de Estado capitalista del centro normal, con democracia burguesa, obligaba a los Estados Unidos a actuar de otra forma. No obstante el bloque de clases dominante yanqui hizo entrar a los Estados Unidos en la II Guerra Mundial en contra de su opinión pública y en contra de la opinión y de la manifiesta voluntad de la mayoría de los representantes electos del pueblo yanqui.
Para lograr hacer eso el gobierno del Presidente Roosevelt, sobrepasando sus atribuciones y actuando inconstitucionalmente en bastantes ocasiones, orquestó una larga serie de provocaciones a japoneses y alemanes hasta conseguir que la entrada de los Estados Unidos en la guerra apareciera como un acto defensivo contra una agresión no declarada. Me ahorro aquí la referencia detallada de las pruebas documentales de que las cosas fueron así.
Es fundamental para entender mi argumento darse cuenta de que lo que los Estados Unidos van a hacer desde 1944 en adelante (utilizando como herramientas cruciales al FMI, al BM y al GATT) es lo mismo que lo que la Alemania nazi pretendía hacer y empezó a hacer. Es igualmente preciso comprender bien que el espantajo del peligro comunista, del peligro de la Unión Soviética, fue el pretexto empleado para que los Estados Unidos "justificaran" los más desvergonzados crímenes y no pocos atroces genocidios cuya auténtica causa era saquear o pagar a mínimo precio materias primas, imponer por la fuerza salarios bajos que supusieran transferencias de valor al capitalismo norteamericano y conseguir o mantener el control norteamericano de los mercados que consideraba suyos.
"Lo más importante son los mercados; tenemos que procurar que los productos de este país sean usados y que se vendan", le explica en noviembre de 1944 el viceministro yanqui de Asuntos Exteriores, Dean Acheson, al presidente del Subcomité del Congreso encargado de la planificación económica de la postguerra. "No podemos tener empleo para todos y prosperidad en los Estados Unidos sin los mercados del exterior", añade. Acabada la guerra se constituye, mediante una adeuada mezcla de representantes del capital y de altos funcionarios, un Equipo de Planificación Política del Departamento de Estado (es decir el Ministerio de Asuntos Exteriores) de los Estados Unidos para formular los intereses estratégicos y de política exterior norteamericana y planificar los medios para lograrlos. Lo dirige George F. Kennan, que es quien en julio de 1947 escribe un influyentísimo artículo titulado Las fuentes de la conducta soviética, en el que se formula la Doctrina de la Contención. Es decir el dogma de fe de la política exterior yanqui a partir de entonces que exige enfrentarse a los soviéticos "con una fuerza contraria inalterable en todos los sitios donde ellos demuestren la intención de acercarse a los intereses de un mundo pacífico y estable".
La pregunta clave es la siguiente: ¿cómo definió ese Equipo de Planificación Política esos "intereses de un mundo pacífico y estable"?. Partieron de una premisa que era la constatación de un hecho. El de que "los Estados Unidos poseían alrededor del 50% de la riqueza mundial, pero que sólo representaban el 6,3% de su población". Una elemental lógica les llevó a reconocer que ese hecho, ese desequilibrio entre riqueza y población, esa disparidad, tenía necesariamente que provocar "envidia y prejuicios" contra los Estados Unidos. Y por eso concluyeron que lo más urgente que tenían que conseguir los órganos de gobierno norteamericanos era "desarrollar tipos de comportamiento político que mantengan esta disparidad sin causar daños a nuestra seguridad nacional".
Para lo cual era imprescindible, según ellos, "abandonar todo tipo de sentimentalismos y ensueños". Porque, como escribían con brutal franqueza, "no debemos engañarnos pensando que pudiéramos permitirnos el lujo de tener altruismo y sentimientos de benefactor del mundo". "Deberíamos, siguen escribiendo en esas novísimas Tablas de la Ley norteamericana, dejar de asumir continuamente el papel de hermano mayor que cuida del menor". Y "Deberíamos dejar de hablar sobre objetivos tan inconcretos y al mismo tiempo tan poco realistas para el Extremo Oriente como son los derechos humanos, la elevación del nivel de vida y la democratización. No estará lejos el día en que tengamos que actuar con conceptos sencillos de poder. Cuanto menos nos estorben entonces máximas idealistas, tanto mejor".
Estas últimas feroces y cínicas frases se contenían en un análisis dedicado al Extremo Oriente. Pero el Equipo de Planificación Política las entendía aplicables en todo el planeta. El mismo Keenan celebró en 1950 en Washington una reunión conjunta con los representantes diplomáticos de América Latina en la que les explicó que la protección de nuestras materias primas -refiriéndose claro está a las materias primas latinoamericanas- era un interés esencial de la política exterior de los Estados Unidos. A renglón seguido discurseó sobre los peligros que amenazaban a esas materias primas. Peligros que según él provenían tanto de los pueblos como de los gobiernos nacionales latinoamericanos populistas y demagogos, débiles e infiltrados por los comnunistas, que intentaran -insensatamente claro- utilizar esas nuestras (de los Estados Unidos) materias primas para aumentar el bienestar de la población latinoamericana.
Keenan ilustró a los embajadores latinoamericanos sobre la forma de hacer frente eficazmente a esa amenaza. Les dijo que:
"La respuesta final podría ser un poco desagradable, pero...no deberíamos vacilar ante la represión policíaca ejercida por los gobiernos nacionales. Esto no es nada vergonzoso, dado que los comunistas son esencialmente traidores. Es mejor tener un régimen fuerte en el poder que un gobierno liberal, si éste es indulgente y relajado y penetrado por los comunistas".
¿Se advierte la importante utilidad del espantajo del peligro de una inminente agresión soviética que Estados Unidos sabe que es mentira?. Usando ese espantajo los Estados Unidos utilizan su poder económico, las intrigas de sus espías y -cuando hace falta- la invasión pura y dura de sus marines para elevar al poder político en América Latina a una larga serie de sanguinarios asesinos que desempeñan el papel de dictadores militares. Los famosos regímenes fuertes que dijo Keenan. Que emplean típicas técnicas nazis enseñadas por los norteamericanos.
Ya antes de la capitulación alemana, en plena guerra aún, los yanquis comenzaron a proteger y reclutar alemanes (nazis destacados o no, criminales de guerra o no) en previsión del posterior enfrentamiento con la URSS. Científicos, espías, policías, expertos torturadores, etc. Hay, por ejemplo, constancia de que en el Fuerte Meade de Maryland se organizaron desde principios de los años cincuenta hasta 1957 programas para la CIA, la inteligencia militar y todas las demás agencias de inteligencia yanquis. Programas en los que se enseñó cuidadosamente la experiencia nazi de "contra-insurgencia" en Europa Oriental y la Unión Soviética.
¿Nos asombra comprobar que la técnica de las "desapariciones" de guerrilleros contrarios o de enemigos políticos fue inventada por un decreto de Hitler del 2 de febrero de 1942?. ¿Asombra que los militares latinoamericanos fascistas, entrenados en las escuelas militares norteamericanas (la Army School of the Americas, en Panamá, por ejemplo) y dirigidos y supervisados por los agentes norteamericanos, alumnos a su vez de aquellos profesores de tortura y terrorismo nazis, tienen récords como el de 38.000 "desaparecidos" en Guatemala, superior en número al de los "desaparecidos" argentinos que son más universalmente notorios por la labor de las magníficas, valientes y abnegadas Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo?.
¿Resulta, pues, desmesurada o acertada mi calificación de nazifascistas a la "letalísima trinidad" FMI/BM/GATT cuando se sabe que aquellas invasiones, aquellas torturas, aquellas salvajadas preceden, suceden o acompañan en el tiempo y están unificadas en la decisión y en la planificación con el diseño y la imposición de políticas económicas, monetarias y comerciales por esa "letalísima trinidad"?. ¿Resulta desmesurado cuando se comprueba que los PROPOSITOS de NO ENSEÑANZA diseñados por los nazis para sus dominados SON HOY EN LAS ESTADISTICAS DE LA UNESCO LOS RESULTADOS REALES DE LA APLICACION DURANTE 50 AÑOS DE LA POLITICA DEL FMI Y DEL BM?.
Vayamos por fin al tercer hecho. No hay que dejarse engañar por las películas. En primer lugar un Estado nazifascista es un Estado capitalista DE EXCEPCION. Pero lo substantivo es que es capitalista y lo adjetivo y secundario es que es DE EXCEPCION. Y lo que caracteriza al núcleo, a la médula, al centro vital del Estado capitalista DE EXCEPCION, lo que le convierte en nazifascista, no son los uniformes ni las canciones ni los desfiles ni las acampadas ni toda esa teatralidad de decorados y vestuario. Ni siquiera la supresión de los derechos garantizados constitucionalmente porque también los Estados capitalistas "normales" los suprimen de vez en cuando. Lo que caracteriza y distingue realmente a un Estado nazifascista, lo que le convierte en tal, es la ejecución del deseo y la necesidad de la clase burguesa de que se supriman los órganos de autodefensa (sindicatos, partidos, asociaciones, prensa, etc) construidos trabajosamente por la clase obrera. Supresión imprescindible para facilitar la superexplotación de esa clase y el aumento de la tasa de ganancia. La Alemania nazi y la Italia fascista llevaron a cabo esa supresión violenta y brutalmente. El Japón usó para ello una cantidad de violencia menor porque pudo aprovechar la potencia alienadora de unas tradiciones feudales que estaban aún muy vívidamente impresas en su pueblo trabajador. Los Estados Unidos tuvieron que realizar esa supresión con el uso de una violencia aún más selectiva porque la especificidad de su proceso histórico les permitió emplear la modalidad mistificadora: la que suprime los auténticos sindicatos y partidos obreros mediante el hábil subterfugio de que existan UNOS sindicatos y partidos que se dicen obreros pero que son cáscaras vacías, máscaras, marionetas, instrumentos al servicio del Estado, dependientes del Estado, dóciles a los intereses del bloque de clases dominante de ese Estado. ¿Le sonará al lector esto si le recuerdo los nombres y las realidades del PSOE y PCE, de UGT y CCOO en el Estado español?.